
Cuando el Estrés Habla: Inmunidad, Ritmo y la Salud que Sostenemos Cada Día
- Véronica Morin
- 5 nov 2025
- 2 Min. de lectura
Durante años escuchamos que el estrés es “el enemigo”. Y sí, cuando se vuelve constante, desgastante y silencioso, puede afectar profundamente nuestra salud. Pero la ciencia actual nos invita a una mirada diferente: el estrés no es el problema… el problema es no volver al equilibrio.
El estrés es una inteligencia adaptativa. Nos prepara para afrontar un desafío, concentrarnos, responder, avanzar. Nos pone en marcha.
El cuerpo sabe hacerlo.
Lo hizo siempre.
Lo que cambió es el ritmo de la vida.
Hoy pasamos de una cosa a la otra sin pausas reales. Dormimos menos. Respiramos superficialmente. Estamos hiperconectados. El “alerta” dejó de ser un momento y se volvió un modo de vida. Ahí sí aparece el desgaste: el sistema inmune se deprime, el cuerpo se inflama, el sueño se interrumpe y la energía se fragmenta.
No estamos diseñados para vivir acelerados.
Estamos diseñados para activar y recuperar. Los dos movimientos son necesarios.
El estrés agudo puede fortalecernos
Cuando atravesamos un desafío puntual, el cuerpo libera hormonas que nos ayudan a responder. Eso fortalece la respuesta inmunológica, nos vuelve más flexibles y atentos. Nos prepara para adaptarnos a lo nuevo.
Cuando el estrés se vuelve constante…
El sistema nervioso no tiene tiempo de “cerrar el ciclo”.
Las defensas bajan.
La inflamación aumenta.
El cuerpo empieza a pedir ayuda a través de síntomas que confundimos con cansancio común: irritabilidad, mente acelerada, sueño fragmentado, dolor de espalda, nudos en el pecho, sensibilidad emocional.
El cuerpo habla.
El cuerpo siempre habla.
La inmunidad se construye en lo cotidiano
No es una píldora.
No es un tratamiento milagroso.
No es “cuando tenga tiempo”.
Es hoy.
Pequeños hábitos sostenidos:
Dormir con profundidad, no solo cerrar los ojos.
Mover el cuerpo todos los días, aunque sean 20 minutos.
Comer comida real, que nutra y no solo llene.
Respirar para bajar el ritmo interno.
Habitar vínculos que sostengan, no que consuman energía.
Hacer pausas entre tareas (pausas reales, no cambiar de pantalla).
La salud es un ritmo
No es llegar, es sostener.
No es control, es escucha.
No es exigencia, es presencia.
El estrés no es el enemigo.
La falta de recuperación, sí.
Cuando volvemos al cuerpo, la inmunidad responde.
Cuando bajamos el ritmo, la vitalidad aparece.
Cuando nos escuchamos, algo se reordena.
Ahí empieza a suceder salud.




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