
Cuando el síntoma mejora… y el proceso se abandona
- Véronica Morin
- hace 1 día
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Hay algo que, como médica, me genera una pena silenciosa:
cuando un paciente deja de venir porque “ya está mejor”.
Mejor… porque el fármaco empezó a hacer efecto.
Y sí, es cierto: el síntoma baja, la angustia cede, el sueño mejora.
Pero eso no es lo mismo que estar bien.
El tratamiento farmacológico es una herramienta valiosa —muchas veces imprescindible—,
pero actúa sobre la expresión del problema, no necesariamente sobre su origen.
El insomnio puede ceder.
La ansiedad puede disminuir.
El ánimo puede estabilizarse.
Y aun así, la causa sigue intacta:
los patrones de pensamiento, la forma de vincularse, el nivel de autoexigencia,
la dificultad para poner límites, el estrés sostenido.
Cuando solo tratamos el síntoma, corremos el riesgo de silenciar la alarma
sin revisar el incendio.
Profundizar implica incomodidad.
Implica mirar hacia adentro, sostener procesos, hacer cambios que no son inmediatos.
Pero también es lo que permite que la mejoría no sea transitoria,
sino sostenible en el tiempo.
No se trata de elegir entre medicación o proceso terapéutico.
Se trata de entender que no son equivalentes ni intercambiables.
Como en medicina laboral, no alcanza con aliviar el dolor si el factor de riesgo sigue presente.
En salud mental, ocurre lo mismo.
El verdadero trabajo empieza muchas veces cuando el síntoma baja.
Ahí es donde hay espacio para comprender, reordenar y construir.
Porque no buscamos solo que el paciente “esté mejor hoy”,
sino que tenga herramientas para estar bien mañana… y sostenerlo.
—
Dra. Verónica Morín
Clínica del Estrés

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