Estrés y colesterol: una alianza peligrosa para el corazón
- Véronica Morin
- 29 sept 2025
- 2 Min. de lectura
El corazón es mucho más que una bomba que impulsa sangre. Es un órgano sensible a nuestras emociones y a nuestro estilo de vida. Entre los factores que más lo afectan están el estrés crónico y el colesterol elevado, dos condiciones que suelen ir de la mano y que, en silencio, pueden dañar nuestra salud cardiovascular.
Estrés: cuando la mente presiona al corazón
El estrés es una respuesta natural del organismo. Ante una situación desafiante, nuestro cuerpo libera adrenalina y cortisol, hormonas que aumentan la frecuencia cardíaca, la presión arterial y los niveles de glucosa en sangre.Si esta activación es ocasional, no hay problema. El riesgo aparece cuando el estrés se vuelve crónico, es decir, cuando vivimos en “alerta permanente”.
Este estado sostenido no solo agota a nivel emocional, sino que también altera el metabolismo de las grasas.
El colesterol bajo presión
El colesterol es una grasa esencial para el funcionamiento del organismo. Sin embargo, cuando se encuentra en exceso, especialmente el colesterol LDL (“malo”), favorece la acumulación de placas en las arterias.
El estrés crónico contribuye a este desequilibrio porque:
Eleva los niveles de colesterol total y triglicéridos.
Reduce el colesterol HDL (“bueno”), encargado de limpiar el exceso de grasa en la sangre.
Promueve la inflamación y el daño en las paredes arteriales.
El resultado es un mayor riesgo de hipertensión, aterosclerosis e infarto.
Señales de alerta
Cansancio constante.
Palpitaciones o presión en el pecho.
Cefaleas frecuentes.
Alteraciones en el sueño.
Controles médicos que muestran colesterol o presión elevados.
Si reconoces alguna de estas señales, no las ignores. Son el lenguaje de tu cuerpo pidiendo un cambio.
Estrategias para proteger tu corazón
La buena noticia es que el estrés y el colesterol se pueden controlar con hábitos saludables:
Practicar técnicas de relajación: meditación, respiración profunda, mindfulness.
Mantener una alimentación equilibrada: frutas, verduras, pescado, frutos secos y aceite de oliva como aliados.
Ejercicio físico regular: al menos 150 minutos semanales de actividad moderada.
Dormir bien: 7–8 horas de descanso reparador cada noche.
Chequeos médicos periódicos: medir presión, glucosa y colesterol al menos una vez al año.
Un corazón en equilibrio
Cuidar la salud cardiovascular no es solo tomar medicación cuando el colesterol sube. Es aprender a gestionar el estrés, integrar pausas en la rutina y dar espacio a lo que nos brinda calma.Recordemos: un corazón tranquilo late más fuerte y por más tiempo.




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